El día de ayer me fui a confesar con el propósito de estar lo más en gracia para recibir a Jesús Eucaristía en la Navidad, pero también con un deseo insaciable de buscar la paz en medio de tanta ansiedad que me ha estado agobiando en estos días. “Vengan a mí los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré.” Mateo 11:28 Así fue, unos minutos de conversación con el sacerdote, botar mi basura humana para que sea borrada por la misericordia de Dios y unos buenos minutos ante el Santísimo para poner RESET a mi vida en estos días, fue todo lo que necesitaba. Salí de ahí siendo “otra”.
Pero escribo porque Father Vincent me regaló una invitación maravillosa que quisiera compartir con todo aquel que la pudiese necesitar. La invitación fue a reflexionar sobre Mateo 14:28 que dice así:
Pedro le respondió: “Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas”.
“¡Ven! le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.
Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: !Señor, sálvame!
Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?
Los preparativos para la víspera de Navidad si bien tienen sus cimientos en preparar nuestro corazón para la llegada de Jesús, traen consigo una lista interminable de quehaceres debido a los múltiples eventos que se organizan en estos días para reunirse en gozo y celebración. La consecuencia muchas veces es que, en vez de sentir gozo y paz, sentimos estrés y ansiedad. Nos terminamos sintiendo culpables porque nuestro amor a Dios nos hace reconocer que debemos y queremos estar entregando amor en cada oportunidad, pero andamos electrocutando a todo aquel que se nos acerca por la intensidad de nuestras ansiedades o desconectándonos de ellos por la nostalgia y el dolor.
Pedro confiaba plenamente en Jesús y al oír su voz en medio de la gran tormenta, sintió un deseo inmenso de ir donde Él. Sabía que Él era su refugio. Jesús le invita a venir a Él para entregarle esa seguridad que busca y Pedro así lo hizo. Pedro y nosotros por nuestra naturaleza humana ponemos más atención de lo que deberíamos a las cosas humanas y, “Pedro” aún ya caminando sobre las aguas, no pudo evitar el SENTIR la tormenta. Al notar la fuerza del viento tan implacable se sintió vulnerable, sintió miedo y empezó a hundirse.
- La tormenta no es mala o buena, la tormenta es lo que es, un cúmulo de fuerzas naturales que tienen a su vez su propósito. La tormenta es buena si realizamos que trae abundante agua que a su vez es vida. No lo es, cuando sólo nos enfocamos de lo que nos priva si teníamos otros planes, o de la sacudida que nos da incomodando nuestra tranquilidad. En Navidad la tormenta es realmente la fuerza del amor que todos ponemos en los deseos de que todos estemos bien, que todo esté bien, que no falte nada. La tormenta también puede ser tu corazón sintiendo, tu corazón sufriendo y puede que para bien, porque sólo sintiendo se sana …y vaya que Jesús anhela aceptes Su invitación a entregarle todo eso que cargas.
- Pedro no se hundió por falta de amor a Jesús. Él sabe que le ama, Él sabe que le amas; Él sabe que tienes el deseo de ponerlo a Él como centro de tu Navidad. Él te ve, Él te conoce, Él acepta tus intenciones como ofrenda de amor. No te deja de llamar porque estés en la tormenta, Él sigue ahí de pie frente a tí.
- Pedro no se hundió por no amar lo suficiente a Jesús, Pedro se hundió porque dejó de poner su mirada en Él. Pedro se empezó a hundir porque en vez de caminar sobre las aguas en medio de una fuerte tormenta viendo a Jesús que le guiaba, trató de lograr todo aquello que en Sí mismo era un milagro poniendo su mente, su enfoque en la fuerza de la tormenta.
- Jesús amó tanto a Pedro, nos ama tanto a cada uno de nosotros, que a pesar de sabernos faltantes de fé, siempre nos extiende su mano y nos levanta.
Estamos a menos de 2 días ya de Navidad, pero nunca es tarde, todo lo contrario, estamos justo a tiempo para prepararnos, para dejar de enfocarnos en la tormenta y danzar sobre las aguas bajo la lluvia. Estamos a tiempo de avanzar hacia Jesús y poner nuestra mirada en Él. Que lindo se siente imaginar ese abrazo de descanso al llegar a Él.
Hermanos que me leen, en esta reunión de Navidad que puede ser de una noche o varios días, recuerda:
- Si eres el/la que viaja, entrégale lo que dejas atrás al cuidado del Señor. Tú eres ese pastorcito que sigue la estrella para llegar a Jesús, avanza poniendo tu mirada exclusiva en ella. Camina con lo que traes y sin lo que dejas, al encuentro de Jesús.
- Si eres quien abre las puertas de su casa para reunir en amor a toda una familia en Navidad, eres esa persona que le dice SÍ a María y a José para poder tener a su bebé en tu hogar, en Su hogar. Cuantos les dijeron que no, les dicen que no. Tú le estás diciendo SÍ.
- Si eres el que apoya, el que busca como traer algo que falta, prestar algo que se necesita, enviar un mensaje de aliento; el que prepara algo para traer y sumar o incluso apartarte un poco para no restar, eres esa persona que tanta falta le hizo a María y a José acompañándolos en el parto, proveyéndoles las mantitas limpias y calientitas, una tijera esterilizada para cortar de su bebé el cordón umbilical.
- Si eres el que extraña a un ser querido o estar en otro lugar, eres esa compañía que tanto María necesitaba siendo una madre jovencita y primeriza sin siquiera tener a su lado a su mamá.
- Si eres el que se ha esmerado por tantos días en preparar “presentes” para llevar, eres un Rey Mago que has recorrido infinidad de millas en tantos mandados por convertir tantos objetos, tanta comida, tantos detalles en ofrendas de amor a Jesús… porque sirviendo a los demás, sirves al Niño Dios.
Si crees que no has vivido bien tu Adviento, que no te has preparado correctamente para vivir la Navidad, puede que te equivoques. Tu ilusión, tus mandados, tus gastos, tus obras sociales, tus viajes, tu aceptar no estar en todos los lugares que quisieras a la vez, tu ser un humano y sentir, tu deseo de hacer tanto para ser alguien para los demás, con la intención correcta es una ofrenda de amor. El día de hoy Jesús te dice: “Hij@ mía, he visto la inmensidad del regalo que has venido preparando para mí. No eres tú quien está por llegar, Soy Yo quien lo está. Ya es hora de fijar tu mirada en mí.”
… y salí del Santísimo con la paz y el gozo de la Navidad, con el cuerpo ligero y el alma plena, con el deseo de amar, de abrazar, de aceptar y terminar de prepararme realmente sólo para poner mi mirada en Jesús como norte y centro de mi Navidad. Creo saber lo que Él me está pidiendo a MÍ, talvez este escrito es parte de ello… ¿Y a tí?
¡Feliz Navidad!





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